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¿Qué fue lo decisivo?

El Hno. Luis "Lucho" Barrios es de Chile, actualmente es delegado de nuestra comunidad en Santiago, además de ser diseñador gráfico de profesión. En un artículo para la revista "Testimonio" brinda un sincero y gráfico testimonio (valga la redundancia) de su decisión por seguir la vocación paulina. Fiel a su estilo, nos da una mirada esperanzadora y "sin vueltas" de un camino vocacional.

 

 

INTRODUCCIÓN*

 

Cuando tomo la decisión de consagrarme a Dios, en mi familia y en todo mi entorno se encienden alarmas: -Pero, ¿Qué le pasó, mijito, por Dios? -¿Estás loco? -¿Tuviste una desilusión amorosa? -¿Nunca te enamoraste?  -¿A qué le temes, que te vas a encerrar en un convento? -¿Te vas a hacer cura? - ¿Estás seguro? -¡Qué desperdicio, mijito, por Dios! Algunos hasta profetizaron: -Te apuesto que no aguanta un mes.-Ya se le pasará. -Es algo del momento, nada más.

 

Estas reacciones desaniman o dejan indiferente. A algunos les da más coraje para continuar con la “testarudez” de seguir a Cristo.

 

Lo que tengo claro es que siempre, desde la más tierna infancia, me sentí atraído por las “cosas” de Dios. Tengo experiencias similares a muchos, que como yo, ingresaron a la vida religiosa: acólito, catequista, participante en la pastoral, en misiones juveniles y del coro de la Parroquia. Siempre fui parte de la Iglesia y seguí conectado a ella hasta en la Universidad.

 

Siendo mechón, me integré a la AUC (Asociación de Universitarios Católicos), continué en las misiones y formé parte de un nuevo coro parroquial. Al terminar mi carrera de Dibujante Técnico, ejercí por tres años.

 

Luego de cuestionamientos internos, jornadas vocacionales, largas conversaciones con un acompañante espiritual, de oraciones, llantos a moco tendido, retiros y un largo discernimiento; al cumplir veinticinco años, Dios me pilló volando bajo e hice maletas, me despedí de mis seres queridos e ingresé, como Aspirante, a la Sociedad de San Pablo (Religiosos Paulinos), dedicados a la evangelización con los medios de comunicación.

 

Para abordar el tema, sobre cuales fueron y son las motivaciones para dar el paso de ingresar a la vida consagrada, mencionaré varios factores, que, en mi experiencia personal, sumaron, para que pudiera dar el sí.

 

LA FAMILIA

 

El apoyo del entorno familiar es fundamental. Mis padres eran Cursillistas (ambos fallecidos). Crecí en un ambiente de principios cristianos. Desde el inicio de mi discernimiento tuve el apoyo de ellos y de mis hermanos. La contención que recibí me dio ánimo para continuar el proceso y decidir dar el paso.

 

Yo no sufrí con una madre chantajista emocional, como les sucedió a varios compañeros de ruta. Esa madre que se desmaya sobre el sillón del living y se victimiza ante la decisión de su hijito, gritándole, envuelta en un mar de lágrimas, que ella quiere nietos y que no le venga a decir que se va a hacer Cura, mijito, por Dios. Las más acérrimas destructoras de una vocación religiosa son, definitivamente, las madres aprensivas, mandonas y chantajistas emocionales.

 

 

DISCERNIMIENTO

 

Al experimentar esto de “la llamada”, mi primera reacción es de temor y surge, instantáneamente, la pregunta: “¿Por qué a mí?” Con el tiempo, y la ayuda de un director espiritual, llegué a discernir que se trataba de un llamado de Dios, mi reacción fue negativa: “No, no puede ser, no soy digno”. Y me embarqué en un viaje en el que surgieron cada vez más preguntas, para las que no tenía respuesta.

 

Luego de un tiempo, ya más calmado, vino la pregunta que me complicó la vida más aún: ¿Y por qué no? En ese momento, me di cuenta que había mordido el anzuelo.

En este tema hay mucho surrealismo disperso por allí: no es que uno reciba un mensaje desde una zarza ardiendo o escuche una voz misteriosa, como le sucede a Saulo, camino a Damasco, o que Dios te llame por teléfono como al Cura de la obra musical “El diluvio que viene”.

 

El llamado de Dios lo captas en tu corazón. Lo sientes en tu interior, en el silencio. Por sobre todo, en la soledad. Es allí donde Dios habla. Y Dios hace un llamado total y absolutamente personal. Nadie puede entrar allí. Eres tú y Dios.

 

ORACIÓN

 

Para dilucidar profundamente la situación es necesario mucho Sagrario. Rezar es hablarle a Dios y meditar es escucharlo. Se deben combinar ambas. De esa manera uno se va llenando de contenidos, frases, consejos, que van modelando el espíritu y uno va transparentando esa vivencia. Recé mucho. Parecía una vocación para Cartujo más que para Paulino; pero me hizo bien. Rezar nunca hará mal, a menos que se te pelen las rodillas. Pero, así y todo, con rodillas peladas, te hará siempre bien.

Las mejores reflexiones, ideas y emprendimientos que han surgido en la Iglesia, han sido frente al Sagrario.

 

La visita eucarística, la adoración u hora sagrada o como queramos llamarle, es fuente de alimento espiritual para toda alma creyente. Y un momento de oración no se hace necesariamente en un Templo o una Capilla. Uno puede rezar en una montaña, en un lago o frente al mar. La creación es siempre inspiradora y Dios está presente en el lugar que se le invoca.

 

LECTURA

 

Alimentar el alma con lecturas apropiadas es de mucha ayuda. He leído bastante, pero no lo suficiente. Los libros han formado parte de mi vida desde que aprendí a leer.

Cuando se trata del tema religioso, la Biblia es el “top” de los libros. Pero hay muchos otros, clásicos o contemporáneos, en los que sus autores entregan mensajes, historias y experiencias, que van aclarando dudas y dando claves para dar el paso con seguridad.

 

TESTIMONIO

 

No depende de uno, pero sí de las personas consagradas. Si quiero consagrarme, nada mejor que observar a los Curas y a las Monjas. Ellos ya pasaron por esto y deben tener, con certeza, algo para decir. Con ellos planteo preguntas directas y aclaro dudas, pero, lo más importante es que capto cómo se sienten en su consagración.

 

Cuando uno observa a religiosos felices, gente de sonrisa franca, que transmiten algo especial en su rostro, su voz, su mirada, sus gestos, etc., sin duda, esas actitudes motivan positivamente a alguien que se encuentra en la etapa de discernimiento vocacional. Si uno ve, entre los consagrados, a personas tristes, apagadas y malhumoradas, por supuesto que no deseará formar parte de ese estilo de vida.

 

AMIGOS

 

Siempre fui “amiguero”. Los amigos forman parte importante en mi desarrollo como ser humano y en el proceso de convertirme en persona. Con mis amigos del alma, tuve largas conversaciones respecto a mis inquietudes vocacionales y recibí buenos consejos y apoyo. Y no sólo con católicos. Porque también tengo amigos de otros credos, incluso, no creyentes. Todos ellos me cuestionaron, iluminaron y aconsejaron. Cuando uno abre el corazón, sinceramente, manifestando sus inquietudes, el interlocutor siempre te aconsejará bien.

 

PSICÓLOGO

 

Me ayudó bastante. Lo que más me gustó de la psicología es el: DEPENDE. Estuve en una consulta técnica, en la que el psicólogo me hizo responder a varios test, una entrevista personal y pruebas sobre habilidades científicas, literarias, artísticas y otras. El informe que entregó, en el que describe mi perfil, fue bastante cercano a lo que yo pensaba de mí mismo, corroboró que tenía talentos para la evangelización con los medios de comunicación. También recomendó que debía aprender a callarme, porque era extremadamente locuaz y que emborrachaba a la gente.

 

Luego, ya en etapa de formación, una Psicoterapia me ayudó aún más a conocerme interiormente, mis virtudes y defectos. Pude enfrentar temores, frustraciones, dudas y sobre todo, reconocer debilidades y explicarme por qué soy como soy.

 

Por supuesto que dejé atrás los prejuicios y la estigmatización de la psicología, porque popularmente, cuando vas al psicólogo significa que estás loco. Nunca le tuve temor al psicólogo. Más temor me produjeron mis formadores (puedo decir esto acá, porque ya todos fallecieron)

 

APOSTOLADO

 

Lo más determinante para ingresar a mi Congregación, fue el apostolado paulino. Me enamoré de la misión desde el primer contacto. Definitivamente era mi área. Me apasionó el tema de la Editorial, la Imprenta, la Librería y que todo eso estuviera al servicio de la evangelización. Aunque, una vez que ingresé, tuve que soportar, con un alto sentido de tolerancia, que mis compañeros de otras congregaciones me tildaran de comerciante.

 

ACOGIDA

 

En mi etapa de “Suspirante”, el Vocacionista fue muy acogedor, claro y honesto. Respondió a todas mis preguntas con honestidad y no me ocultó nada. En el proceso fui invitado a compartir con ellos fines de semana, hasta que me fui por un mes. -Se trata de una etapa de conocimiento mutuo, me dijo el formador. Así conocí a todos los miembros de la Comunidad y también a mis pares, quienes estaban en la misma búsqueda. En general, me sentí bienvenido.

 

La acogida es importante y el acompañamiento fundamental para alguien que ha estado mucho tiempo pensándolo y que, aún, recién ingresado tiene muchas dudas.

Me quedó muy claro aquello del ágape y la filía, para poder sobrevivir en la vida comunitaria y no terminar estrangulando a un Superior.

 

CONCLUSIÓN

 

Luego de haber sido observado, analizado, evaluado y examinado más que a un candidato a Astronauta, y haber pasado el año del Aspirantado muerto de sueño, muerto de hambre y muerto de la risa; fui aprobado para el Postulantado e inmediatamente me convertí en un "producto de exportación" y me enviaron fuera del país.

 

Según los formadores, como seguidores de san Pablo, que pasó media vida viajando y en la cárcel, debíamos, desde el principio, hacer como él: LANZARNOS HACIA ADELANTE. Y no paré.

 

*El artículo fue publicado en la Revista Testimonio, de la Conferencia de Religiosos de Chile (CONFERRE) y lleva por título: "¿Qué fue y es lo decisivo para dar el paso de ingresar a la Vida Consagrada?" en el N° 287 de la Revista Testimonio, en la edición de mayo-junio de 2018, en las páginas 58 a 62.

 

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